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sábado, 26 de abril de 2014
¡CARACOLES…!
Cierto día
doña Ana y su hija Estrella, se propusieron hacer una receta especial según la
época, y así incrementar sus ventas, entonces empezaron haciendo los planes de
todo el material que tenían que comprar, muy emocionadas se levantaron de
mañana e iniciaron con los preparativos para ir al mercado.
Una hora
les tomo llegar hasta donde estaban las ventas de los ingredientes de su
receta, querían hacer torrejas, e iniciaron comprando el pan de un tamaño
mediano y otros un tanto más grandes para tener variedad, después de revisar que el pan fuera entero y
cuidadosamente lo guardaron en pequeñas cajas para protegerlo, compraron canela entera y en polvo, azúcar,
leche, maicena, entre otras cosas; en
eso se encontraron con doña Josefina, su querida vecinita y con su hijo
Ricardo, andaban pasando cerca del mercado;
se saludaron y se quedaron comentando sobre la cantidad de buses y de
personas que había en la colonia y de cuanto les había constado llegar la noche
anterior a su casa.
Tanto duró
la plática de doña Ana con doña Josefina que Estrella se alejo buscando los
demás ingredientes y Ricardo buscando algún puesto de comida.
La venta de
las torrejas la tenderían el día siguiente cerca de la entrada de la Iglesia de
la colonia donde tendrían actividades
por las fechas de Semana Santa, porque de allí saldría una procesión, ni doña Ana ni estrella estaban bien
enteradas de qué cantidad de gente estaría en el lugar; cuando doña Ana recordó que tenía mucho
trabajo, y aun le faltaba comprar varios ingredientes para su venta, se
despidió de doña Josefina quien a su vez empezó a buscar a su hijo.
Doña Ana
muy apenada y preocupada por la hora se apresuro a encontrar a Estrella, le
ayudo con todo lo que habían comprado y buscaron un taxi para regresar a su
casa pues para esto ya eran las cuatro
de la tarde del sábado y los vendedores empezaban a guardar todo.
Más fue la
preocupación por la hora que no chequear
las cosas que habían comprado,
cuando al fin llegaron a la colonia bajaron las cosas del taxi, y
caminaron cinco cuadres ya que las calles eran muy estrechas y no podía entrar
vehículos al lugar. Estando en la
casa ya desempacado los ingredientes comenzaron a preparar el manjar.
Colocaron
una olla mediana con la leche, donde agregaron tres cucharaditas de vainilla,
azúcar y listo después de unos minutos ya estaba el manjar, después empezaron a
preparar los panes partiendo a la mitad cada uno de ellos, en total eran 100
panes; 50 medianos y 50 grandes.
Mientras
esperaban que enfriara el manjar, comenzaron con los preparativos de la bebida,
arroz en leche y atol de elote,
desgranaron las mazorcas para el atol de elote, y en una olla grande colocaron
arroz quebrado y canela para cocer, para esto ya eran las siete de la noche y aun
no terminaban con la preparación de atol de elote y el atol de arroz en leche, media
hora después terminaron de desgranar.
Ya eran las
ocho y media de la noche cuando comenzaron a rellenar los panes con el manjar,
y doña Ana le pidió a Estrella que empezara a batir seis huevos para cubrir los
panes para freírlos, cuando Estrella comenzó a buscar dentro de las cajas no
encontró los huevos, busco en las canastas y tampoco lo encontró, ¡caracoles!
Exclamó Estrella olvidamos los huevos en el mercado!!! Se entristeció y dijo Estrella - ¿Dónde
encontraremos a las nueve de la noche la cantidad suficiente de huevos para
cubrir los cien panes?
Ya un poco
desilusionadas doña Ana y su hija se sentaron en la cocina y trataron de
recordar donde había quedado la caja de huevos.
Por la
precisión doña Ana había olvidado que cuando encontró en el mercado a doña
Josefina le había pedido favor a Ricardo que le ayudara a cargar con los
huevos, por su parte doña Josefina había olvidado entregar los huevos y pensaba
devolverlos al día siguiente porque no sabía para que los utilizaría doña Ana.
Con la
misma inquietud doña Josefina ya como a las diez de la noche decidió visitar a
su vecina doña Ana y llevarle la caja de huevos. Le pidió favor a su hijo que le acompañara y
también los acompaño el esposo, caminaron cuatro cuadras y tocaron a la
puerta, quien es pregunto doña Ana, son
doña Josefina y le vengo a dejar su mandado respondió la vecina,
Estrella
apresuradamente abrió la puerta y se sorprendió que le llevaran la caja con los
huevos, doña Josefina y su familia solo
entregaron la casa y regresaron a su casa.
Satisfechas
de tener todo listo para la venta del domingo, doña Ana y su hija Estrella se
acostaron ala una de la mañana, no sin antes dejar preparada una pequeña olla
con atol de elote y tres torrejas de las grandes para llevarlas a doña Josefina
como agradecimiento.
Poco fue lo
que durmieron pero se levantaron muy de mañana para llevar su venta a la
entrada de la Iglesia, la venta tuvo éxito y todo lo que llevaron se vendió el
atol de elote, el atol de arroz en leche y las noventa y siete torrejas todas
se vendieron.
Cuento escrito por Carmen Graciela Alixtun Paz
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