Entradas populares
Blog Archive
-
2014
(26)
- mayo(2)
-
abril(24)
- SOMBRAS EN EL SILENCIO
- UNA GRAN IMAGINACIÓN
- PERIODISMOS SECCION "B"
- LA ESCUELA DE LOS ANIMALES
- EL COMAL LE DIJO A LA OLLA.
- COLOR DE TEM
- REGRESARE POR TI….
- JOSE EL OSO TUVO UNA MALA DECISION
- LA VIEJA PINTURA
- EL VENDEDOR DE PALABRAS
- EL MUNDO DE ALFONSINA
- EL MIEDO AL PARAÍSO
- ¿LOS SUEÑOS SE HACEN REALIDAD?
- LA MEJOR LECCION DE IGUALDAD
- LA SEMANA SANTA DE AYER
- LAS GEMELAS TRAVIESAS
- EL ADÍOS DE LOS RECUERDOS
- LA NOCHE DEL MIEDO
- LA LECCION DEL CUERVO
- LOS ESPOSOS Y LAS MAZORCAS DE COLORES
- ¡CARACOLES…!
- BODOQUE Y LA PRINCESA CHABELA
- EL PERRITO QUE NO MIRA
- BIENVENIDOS
sábado, 26 de abril de 2014
LA LECCION DEL CUERVO
-Eres
una mierda.- repetía constantemente,
Jazmín, mientras, en el rostro de Santiago se formaba una mueca de
fastidio. Seguidamente, se refugiaba en uno o muchos vasos de whisky, para
embriagarse, y no ser esclavo del tiempo, ni de las circunstancias que les
habían llevado hasta el odio mutuo. Sentados en las sillas de paja y con la
cara al sol, Santiago habló a Jazmín diciéndole:
–Voy por
una botella, regresaré pronto.- colocó sus labios en la frente de Jazmín,
dándole un beso, de esos que ocultan un sabor amargo a despedida. Cogió su
sombrero y se marchó…
Una
nueva grieta se había formado en la pared. Por la ventana entraba la débil luz
de una tarde sombría. Ahí, estaba Jazmín, sentada en su hamaca. El corazón
yacía de lozanía, latiendo con ritmo apático. Las fuerzas apenas le permitieron
encender un cigarrillo. Todos esos “te quiero” que no había dicho a Santiago,
se atoraban, formando un nudo en su garganta. Ya había transcurrido bastante
tiempo.
Un
estruendo seco en la ventana, sacudió el estadio de tranquilidad de Jazmín. Un
cuervo negro, como la penumbra, buscaba entrar en la choza.
-Carajo.-
pensó. Santiago olvidó colocar el espantapájaros en los pastizales. ¿Qué más
daba? Otra promesa más, que estaba rota.
Se
dispuso a salir, como todos los días, en búsqueda de su adorado tormento. En el
umbral de la puerta sintió el levante. Observó al cuervo volar en dirección
oeste, donde se oculta el sol.
“Primero tendrás que escalar esa montaña”,
susurró el cuervo, mientras se alejaba.
Un
impulso, estúpido si se quiere, obligó a Jazmín a emprender su marcha en
dirección oeste. Al pie de la montaña encontró al cuervo. Ella comenzó a subir
la montaña mientras el ave volaba a su lado.
Mientras
escalaba, muchos recuerdos invadieron su mente. Incluso los que parecían estar
enterrados. Había algo en el aire. Dos lágrimas salieron de sus ojos,
confundiéndose con la leve brisa, que, repentinamente, mojó su rostro y el plumaje
del cuervo.
Estaba
cayendo el crepúsculo. Su corazón latía a ritmo aletargado. Tenía que encontrar
algo. ¿Pero qué era? ¿Qué tenía aquel aire, que de repente le tiraba de golpe,
todo el amor que sentía hacia Santiago, y que tanto disfrazó de odio? Si él se
había marchado y le había abandonado ¿por qué le sentía tan cerca, en aquel
ocaso? Tenía que encontrar algo a qué aferrarse, para no sentir que se moriría
de amor en esa noche.
La
bruma espesó, y Jazmín desmayó, cayendo en un sueño profundo. El cuervo se posó
en su espalda, susurrándole “Nadie se muere de amor”.
Entreabrió
los ojos, y no logró ver nada. Era de noche. Despabiló, y cuando decidió seguir
caminando, notó que el cuervo no estaba. Sin embargo, se sentía recargada. De
todos modos, no estaba sola, le acompañaba la luz de la luna.
Al
llegar a la cima de la montaña la luna estaba llena. Las hojas caían de los
árboles, como un otoño en Abril. Un fuego se sentía, aunque no se veía. Una
figura masculina estaba sentada en una roca, como esperándole. En su cabeza
había un cuervo.
-En
lugar de quejarte porque las rosas tienen espinas, sé feliz porque las espinas
tienen rosas.- dijo el hombre, penetrando sus ojos avellanados, en la mirada
vacía de Jazmín. Reconocería esa voz, a dondequiera que fuese.
–Tenés
muchas cosas por las cuales redimirme. Estoy pagando los platos rotos de mi
idiotez.- dijo Jazmín.
-Nadie
se muere de amor.- explicó Santiago.- Andá a buscar utopías, lejos de todo lo
que te recuerda a mí. Ya no puede irte peor, el viento soplará a tu favor.
-Estoy
rota por dentro.- dijo ella.
-Pero
con la esperanza intacta.- le replicó Santiago. –Fuimos crueles uno con el
otro, pero eso nos enseñó a no confiar en nadie. Todos te abandonan algún día.
Sin embargo, confiar en las personas equivocadas, te enseña a no ser pendejo. Nos
tocó aprender a la mala. Quiero que sepás, que no necesitás de mí, ni de nadie,
para ser feliz. Quiero que vos también me perdonés.
-No
tengo nada qué perdonarte. Ya no importa.- susurró Jazmín.
-Entonces me voy tranquilo.- se acercó a ella,
y volvió a besar su frente, como aquella tarde en la que salió por una botella
de whisky, y no regresó.
Santiago
se fue caminando entre la penumbra, y se desvaneció. Fue ahí donde Jazmín
comprendió, que todos se marchan. Que las personas llegan cuando deben llegar,
siempre por algo. Y una vez terminada su misión en nuestra vida, ya no tienen
cabida en ella. Y que nunca, se debe desperdiciar un momento para pronunciar un
“te necesito” o un “te quiero”. El cuervo también se había desvanecido.
Entendió
la existencia de aquella ave. Ese empujón, esa fuerza, que te hace decir “UNA
VEZ MÁS”, cuando todo parece perdido. Hay amores bizarros, que matan, y son, a
veces, los más maravillosos. Porque antes de matar, hacen vivir.
Esos amores que matan, no mueren, son eternos y
eternizan.Cuento escrito por Astrid Mijangos
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario