martes, 29 de abril de 2014

UNA GRAN IMAGINACIÓN


     Era un hermoso atardecer de otoño, tres hermanos muy traviesos se encontraban en el jardín de su casa, ellos eran el mas grande Manuel, el segundo Mario y la mas pequeña Marjorie, el blanco de los hermanitos como era de esperarse pensaban que travesura hacer.
     Vamos al bosque –exclamo Mario- No- respondió Manuel- ya esta por anochecer. ¿Pero podemos ir mañana? – pregunto Marjorie, si respondieron los hermanos y entraron a cenar imaginándose la aventura que les esperaba.     El bosque quedaba a menos de 500 metros. De la casa de los niños, Marjorie llena de ilusión llevaba en su mochila repelente de mosquitos, bloqueador solar y su infaltable cámara, Mario llevaba golosinas y gaseosas y Manuel iba preparado con una brújula y su teléfono celular por cualquier emergencia, algo que llevaban en común estos tres hermanos era la gran ilusión que les daba esa nueva gran aventura.
     De camino al bosque iban preguntándose que encontrarían, ¿Sera que hay dragones? Exclamo con gran emoción Mario, mientras Marjorie se preguntaba si encontraría unicornios, mientras Manuel se preguntaba si habían pegelagartos, al adentrarse en el bosque con su gran ilusión no se encontraron no con un bosque cualquiera, era un bosque encantado, que encantaba a cada que entrara en su inmensa fantasía.    
     Tal y como esperaban al adentrarse en el bosque los tres mosqueteros como hacían llamarse los tres hermanos, no solo habían dragones muy amistosos, también habías muchos unicornios muy divertidos además de hadas, duendes  y un sinfín de de seres inimaginables, la naturaleza era muy diferente a la real, era mucho mas encantadora, arboles de colores y ríos de arcoíris, los tres mosqueteros tenían una sonrisa de oreja a oreja su sonrisa era aun mas grande que la del sapo amarillo que descansaba en una piedra color rosado chillón.
     Marjorie estaba tan emocionada que no paraba de tomar fotos con su cámara, se tomaba fotos con cada ser extraordinario que encontraba, mientras que Mario compartía con Manuel  y los animales extraordinarios sus golosinas, es increíblemente extraordinario exclamaba Marjorie cada vez que podía, y sin darse cuenta había algo entre los arbustos de colores chillones, que según ellos los observaba y así se paso todo el día observándolos.
     Los hermanos nunca habían entrado a ese bosque, ya que de simple vista daba una sensación de horror, daba temor por eso a la mayoría de los niños de su edad les daba miedo solo pensar en el bosque, Marjorie tenia solo 5 años, Mario tenia 6 años con 6 meses, siempre decía los mese alardeando que ya sabia contar y Manuel tenia 8 años.

Sin darse cuenta del tiempo que había pasado, se les había acabado el día, entre tanta diversión, Manuel  se percato que tenia que regresar cuando la alarma del celular  empezó a sonar. Es hora de irnos –grito Manuel-… No! –Exclamaron Mario y Marjorie- … Bien –respondió Manuel-  es hora de macharnos si, no nuestra madre se preocupara. Los tres mosqueteros guardaron sus cosas y emprendieron su gran aventura de regreso a casa.
Saliendo del bosque Marjorie les pregunto  a sus hermanos, algunos de ustedes sintió en el bosque, como que nos observaban?  No –respondió Manuel- pero no te asustes de seguro era mas de algún tímido animal, pero regresaremos mañana? –Pregunto Mario-,  claro –respondió Manuel-, no estoy muy segura de acompañarlos mañana –dijo con voz temblorosa Marjorie- tengo un poco de miedo, pero por si me decido los veré en la puerta.
Luego de cenar cada quien se fue a sus habitaciones, los dos hermanos  emocionados por otro día de aventuras, arreglaron sus mochilas y se metieron rápidamente a la cama a descansar, mientras que  Marjorie apenas tuvo fuerzas y ánimos para conectar la cámara al pasa corriente.
Ahí se encontraron los dos hermanos, haciendo un poco de tiempo por aquello de que Marjorie se arrepintiera y decidiera acompañarlos, un minuto mas –dijo Mario, con voz desesperada-  y en eso oyeron los suaves pasitos de marjorie bajando por las escaleras, y con una voz muy agitada exclamo –pensé que se habían ido sin mi-
Hoy no nos distraeremos tanto –dijo Manuel- tenemos que entrar  un poco mas al bosque, debemos cruzar el rio y ayer me pareció ver a lo lejos un castillo, en esa dirección, ese comentario dejo con cara de admiración a los dos hermanos, que solo acentuaron con la cabeza.
Llegaron al rio, y se dieron cuenta que no había como cruzarlo, estuvieron un tiempo pensando como cruzarlo y se dieron por vencido, ya que no había forma de cómo cruzarlo. Estaban por regresarse, cuando oyeron una voz decir ¿Por qué se van?, era un niño como de la edad de Manuel y lo acompaña una niñita de la edad de Marjorie. Quien eres tu – pregunto Manuel- yo soy  Eduardo –respondió el niño- vestía un poco al estilo príncipe de cuentos de  princesas, y ella es mi hermana pequeña, su nombre es Fátima,  y ustedes quienes son –pregunto el pequeño príncipe- yo soy Manuel, ella es Marjorie mi hermana pequeña y el es Mario el hermano del medio. Y los cinco se saludaron, entonces el pequeño Eduardo pregunto si les gustaría ir al castillo, aunque la verdad el gran castillo se trataba de una casita de madera, claro que si respondieron muy emocionados los tres mosqueteros, solo que no sabemos como cruzar el rio- dijo Marjorie- , de eso no hay problema dijo muy feliz Fátima, sugiriendo que cruzarían en los unicornios,  y así fue los unicornios los llevaron directamente al castillo.
En los jardines del castillo, hicieron un gran picnic con la comida que llevaba Mario, mientras que Fátima y Marjorie tomaban fotos por todos lados, así pasaron las horas, hasta que empezó a oscurecer, cuando se sentaron a descansar y empezaron a platicar, Marjorie  se entero que eran Eduardo y Fátima los que el día anterior los estaban espiando, luego de disfrutar de esa magia del bosque, y descansar viendo el atardecer, los cinco amiguitos decidieron empezar su viaje de regreso a casa.
Ya no podremos venir –dijo Manuel- pensando que ellos vivían ahí, mañana ya es domingo y el lunes empiezan las clases, de seguro nuestra madre no dejara que salgamos ya que tenemos que arreglar nuestras cosas para las clases, Fátima y Eduardo guardaron silencio, ya para salir del bosque los amiguitos empezaron a despedirse y a comentar lo bonito que estuvo ese día y que había sido un placer conocerse.
Los tres mosqueteros se fueron in dirección contraria a la de Fátima y Eduardo, estos vivían en el vecindario contrario al de los mosqueteros.
El día lunes en clases la sorpresa de Marjorie fue encontrar en su salón a Fátima, mientras que   Manuel se llevaba una sorpresa similar al ver en su clase a Eduardo, a la hora del receso los cuatro corrieron hacia donde estaba Mario para contarle todo lo que había pasado.
Y así fue como se formo una gran amistad, los cinco nuevos amiguitos salían a jugar por las tarde y entre veces cuando tenían mas tiempo se aventuraban a ir al bosque  mágico a vivir y disfrutar de nuevas aventuras.
    FIN.


Cuento escrito por Miguel Anibal López Arriola.  

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