martes, 29 de abril de 2014

LA ESCUELA DE LOS ANIMALES

 Cuenta un relato que en cierto día los animales de las selva decidieron organizar una gran escuela. Como habían escuchado hablar de la “Educacion integral”, esta era la que desarrolla todas las facultades del individuo, decidieron que en su escuela se seguiría ese estilo.

Lo novedoso del programa de estudios consistía en que cada animal podían desarrollar todas las habilidades básicas: como correr, saltar, nadar volar, trepar.

Por ejemplo el pato, conocido por sus excelentes habilidades para nadar, podría aprender a correr; él conejo, experto corredor, podría aprender a nadar; y así por el estilo.

Cuando se dio inicio al curso escolar, la emoción no podía ser mayor. No paso mucho tiempo, sin embargo, antes de que los directivos de la escuela se dieran cuenta que el programa prometía más de lo que se podía cumplir.

 El pobre pato se esforzó tanto en correr que las membranas de sus patas se dañaron y, al final del año escolar, casi no podía nadar.

El conejo, por su parte, termino recluido en un sanatorio. Le fue tan mal en las clases de natación, que sufrió un colapso nervioso.

La ardilla la mejor trepadora de la clase, sufrió calambres cuando tomo las clases de vuelo.

El águila la reina de los aires, tuvo que recibir respiración de boca a boca porque casi se ahogo cuando intento nadar.
Y peor le sucedió al perezoso: las clases de velocidad lo dejaron tan casado que no pudo subir a su árbol preferido durante varias semana.

Cuando el año escolar llego a su fin, la escuela cerró sus puertas. Pero no todo se perdió, porque los animalitos aprendieron al menos dos grandes lecciones.

En primer lugar, aprendieron que cada criatura en este mundo tiene por lo menos una habilidad natural, y que es un privilegio desarrollarla hasta el máximo de su potencial.

La segunda, aprendieron que no tiene ningún sentido insistir en cultivar habilidades que no tenemos, solo porque otros si las tienen.
                              

                                                   FIN
Cuento escrito por Mildred Virginia Mazariegos Carrillo




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