martes, 29 de abril de 2014

EL VENDEDOR DE PALABRAS

 En una ciudad muy hermosa y moderna, había un barrio llamado “Las Profesiones”. Todos los vecinos que habitaban el barrio era gente muy seria, que se ocupaban en tareas muy importantes, arreglar los pleitos, construir caminos, sanar a los enfermos, contar dinero…

Pero “Las Profesiones” era un barrio que se mantenía muy triste, porque cada uno estaba tan orgulloso de su propio trabajo, que no apreciaba el demás trabajo de los vecinos. Se esquivaban unos a otros y casi nunca se saludaban.

-¡No hables con el niño de la arquitecta¡- decía el abogado a su hijo.
-¡No saludes al ingeniero¡- le decía la doctora a su marido.

Un día llego a “Las Profesiones” un nuevo vecino, y colgó en su puerta un cartel que decía “Vendedor de Palabras Amables”

-¿Vendedor de palabras? ¡Eso no es una profesión¡- decían los vecinos.
Pero el recién llegado empezó a ofrecer su mercancía.
-¡Compren, compren, palabras amables para todos los gustos¡ repetía una y otra vez.

Tanto y tanto insistió, que un buen día el ingeniero se decidió a probar el nuevo producto.

¡Póngame una docena de esas palabras¡ refunfuño –es sólo para probar…

Al salir de la casa, encontró a la doctora  y dijo: -¡Buenos días señora doctora¡ ¿Cómo va su trabajo en el hospital de niños?  Dijo el ingeniero.
La doctora al escuchar las bellas palabras, se sintió muy halagada, estuvo una hora y media explicándole cosas de su profesión.
Luego pasó lo mismo con la arquitecta y con el abogado.

La vida en el barrio cambio, porque todos descubrieron que el trabajo de los demás también era muy importante.
FIN.

Cuento escrito por Ana Victoria Higueros Ortiz






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