martes, 29 de abril de 2014

LA VIEJA PINTURA


En el lejano oeste, en donde el sol sale, donde los hombres son duros y valientes y las mujeres dulces.Había  un pequeño pueblo llamado San Bernardo, en el cual se había escaseado el agua potable.
Un día, a eso de las 4 de la mañana, se escuchó un grito proveniente de una de las casas más reconocidas de San Bernardo. En esa gran y vieja casa residía el solitario y malhumorado Señor Valdez. Conocido por su mal genio, pensaron que algún chico había querido hacerle una broma, y al ver al viejo Valdez, el chico se asustaría y gritaría. No fue así.
Siendo aun de mañana el sheriff del pequeño pueblo tomó su revólver y fue a visitar al viejo Valdez, el cual había terminado de fumar un enorme puro. Luego de un par de preguntas, el sheriff salió sin nada de información de lo que había sucedido aquella mañana.
Los habitantes del pequeño San Bernardo sabían que en esa vieja casa sucedían cosas inexplicables. Pero nadie podía averiguar qué tan cierto era, ni tenían las evidencias para sustentarlo.
Una de esas frías noches, un grupo de cinco chicos intento escabullirse e ir a visitar al viejo Valdez, claro, sin que él lo supiera. Los chicos se acercaron a la enorme casa y subieron por una de las ventanas que estaban en la parte trasera. Al entrar, escucharon unos pasos; venían del segundo nivel.
-¡Estamos a salvo, el Señor Valdez está arriba!- susurró uno de los chicos.
Como pequeños espías entraron a aquella casa; abrieron, cerraron, subieron y bajaron pero no encontraban evidencias de que algo estuviera fuera de lo normal. Luego de dos horas de una exhaustiva investigación, los chicos decidieron marcharse, sin antes, volver a ver aquel cuadro pintado a mano sobre la chimenea; una mujer muy bella con una vestido amarillo sentada sobre una silla dorada. Les había parecido una hermosa pintura y no podían creer que estuviera en esa vieja casa.
Al tratar de salir por la misma ventana por la que habían entrado hacia un par de horas, Estaba cerrada con alguna clase de candado. Era muy extraño ya que, en tan solo unos minutos en los que regresaron a ver por última vez el cuadro de aquella bella mujer, cerraron la ventana. No escucharon pasos, tampoco alguna clase de ruido. Pero el encanto de esa pintura los hizo sentirse con una paz tan profunda que no pensaron en lo que había pasado con la ventana. Lo que hicieron fue volver a donde estaba la pintura y así, seguir observando tal belleza.
Estaba por amanecer,  mientras estaban sentados observando la pintura, escucharon un tremendo grito en el segundo nivel de la casa. El grito los hizo despertar de ese sueño en el que se quedaron ya varias horas durante la noche y hasta la madrugada.
Salieron corriendo como locos de aquella casa, por la misma ventana donde entraron. Por aquella ventana que estaba cerrada hacia horas antes pero que estaba abierta en ese momento inexplicablemente.
La mañana de ese día los padres de los chicos llegaron a la casa del viejo Valdez. Habían llegado con muy malas intenciones, ya que sus hijos habían sufrido una especie de hipnotismo por parte de aquella pintura de la que ellos tanto hablaban.
Al llegar los padres y algunos vecinos a la vieja casa, salió a su defensa el Señor Valdez, quien por su parte tenía una sonrisa en su rostro. Nunca nadie lo había visto sonreír. Dialogaron con él acerca de aquel cuadro y lo que descubrieron fue algo tan hermoso como sorpresivo.
Aquella bella mujer del cuadro había sido su primera esposa, la señora Débora Valdez. Una bella mujer con una ternura inexplicable y una dulce sonrisa. Luego que los padres y vecinos supieran quién era esa mujer, le pidieron entrar a la casa para poder observarla. Así fue. Al entrar se dieron cuenta de que estaba casi inundado el primer piso de la casa. Ellos no habían tenido tanta agua por muchos meses y eso los hizo sentirse maravillados. El agua provenía de una pintura rota que se encontraba sobre la chimenea… sí, el cuadro de la señora Valdez.
Luego de preguntas y respuestas, pudieron sacar una conclusión hermosa. El día que esos chicos entraron a la casa, era el día en que una gran fuente de agua que se encontraba detrás de la pintura estaba a punto de  explotar y así le daría agua a todo San Bernardo. Así que, lo que los chicos sintieron fue una fresca brisa, un dulce rocío proveniente de aquel lugar. Los gritos eran del señor Valdez, quien era sonámbulo. Aunque, siguen escuchando ruidos en esa veja casa.

FIN

Cuento escrito por Dulce Dayanara Ortiz Roca



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