sábado, 26 de abril de 2014

EL PERRITO QUE NO MIRA



En medio de las calles, desnutrido, con necesidad de agua, a punto de morir se encontraba Firulais, un perrito sin dueño que aunque tenía ganas de vivir sus esperanzas cada día se apagaban, al abrir sus ojos solo veía oscuridad ni si quiera la luz del día podía ver para que tan si quiera una esperanza tener para estar bien.
Una familia se dirigía a su casa en su auto, y sin querer papá estuvo a punto de atropellar a Firulais, todos preocupados se bajaron del auto para asegurarse que nada le hubiera pasado al perrito, al verlo se conmovieron pues este estaba casi agonizando, luego se dirigieron a su casa pero dentro llevaban lo que les causo ver el estado del perrito.
Al pasar unos días, la familia con mucho entusiasmo decidió brindarle su ayuda a Firulais, primeramente lo alimentaron, lo bañaron y lo llevaron al veterinario, al principio a ellos no les importo que Firulais fuera ciego y después que lo salvaron del estado en que estaba al recogerlo de la calle le tomaron mucho cariño y lo hicieron parte de su hogar.
Paso el tiempo y lo que dijeron que no importaría cuando decidieron hacerlo parte de su familia, empezaba a afectar, el perrito no veía por lo tanto no podía jugar normal, recibían malos comentarios de las demás personas, botaba la comida y el agua de su recipiente, y se la pasaba golpeando y botando todo.
Debido a estos inconvenientes la familia decidió que Firulais ya no viviera con ellos, pero aun tenían que tomar una decisión, no sabían si dejarlo en la calle de nuevo o provocarle su muerte ya que ellos creían que el también sufría por a su discapacidad.



Visitaron un veterinario y él les dijo que podía darle una pastilla y así el perrito tendría una muerte sin sufrimiento.
Aunque aún no habían decidido bien parecía que esa era la decisión que iban a tomar; una tarde una amiga de la familia los visito, ella salió al patio y vio a Firulais eran tan bonito, cariñoso y juguetón que le simpatizo mucho a la chica.
Ella se encariño con el perro y llegaba todas las tardes de visita solo por ir a ver a Firulais, una tarde que ella jugaba con él, le dijeron que lo llevarían al veterinario y ella pregunto que porque si se encontraba bien, entonces no le querían decir que lo llevaban para que le dieran la pastilla y ya no sufriera, pero ella con curiosidad dijo que se iba con ellos a la veterinaria, al llegar ella supo cual era el motivo de llevarlo allí entonces rápidamente ella impidió que el perrito se comiera la pastilla y le dijo a la familia que si ya no lo querían que ella tampoco lo podía tener pero que se lo llevaría y la buscaría una familia,  y así lo hizo.
Al principio no sabía cómo hacer para informarles a las personas que tenía un perrito al cual le estaba buscando una familia, luego se le ocurrió publicarlo en sus redes sociales y así fue como lo hizo.
Lucia vio la publicación y le conto a su hermana Sandy quien era ciega, en la publicación estaba toda la historia de Firulais y Sandy al escucharla cuando su hermana detalladamente se la contaba le causo un sentimiento muy lindo por querer tener al perrito con ella.
No fue mucho lo que pensó Sandy y decidió que ella le daría un hogar a Firulais, tenían algo en común y era que no veían quizá su relación podía ser difícil pero a la vez muy cercana, ella dijo que un amigo como él podía ayudarle a ver el mundo y apartarse de esa oscuridad que la invadía.
Lucia se contacto con la chica que hizo la publicación para ayudar a que Sandy obtuviera al perrito.

Sandy al lado de Firulais planeo ponerle color al mundo y aunque ninguno de los dos podía ver lo que había a su alrededor juntos lo iban a imaginar y disfrutar sin que su discapacidad fuera un impedimento para ser felices.

Cuento escrito por Thelma Dadely Herrera Monzón. 




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